Yahwéh o Jehová ¿De dónde viene el nombre Jehováh?

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Yahwéh o Jehová ¿De dónde viene el nombre Jehováh?Con cierta frecuencia oímos que cuando se refieren a Dios, algunas personas le llaman “Jehováh”. Nosotros los católicos llamamos a Dios “Yahwéh”… ¿Quién tiene razón? Veamos qué nos dice la Biblia sobre este tema:

1.- ¿De dónde viene el nombre “Yahwéh”?

El Antiguo Testamento (los 46 libros de la Biblia que se escribieron antes del nacimiento de Jesucristo), fue escrito en su mayor parte en el idioma hebreo. En el libro del Éxodo, capítulo 3, versículos 9 al 15, y en el mismo libro, capítulo 6, 2-3, aparece que cuando Dios revela su nombre, da el nombre de YHWH (Yahvéh).

2.- ¿Qué significa el nombre YHWH?

Según los investigadores este nombre de Yahveh, significa: “Yo soy el que estaré”, por eso no es nada extraño que en los textos que hemos indicado del libro del Éxodo, aparezca la siguiente traducción:
” Moisés replicó a Dios:
- Bien, yo me presentaré a los israelitas y les diré: El Dios de sus antepasados me envía a ustedes. Pero si ellos me preguntan cuál es su nombre, ¿qué les responderé?
Dios contestó a Moisés:
- Yo soy el que soy (YHWH). Explícaselo así a los israelitas: ” Yo soy” me envía a ustedes. (Ex 3, 13-14)

Fíjate que en la lengua original en la que se escribió aparece la palabra YHWH, o sea, “Yahwéh”, que luego el traductor traduce por ” Yo soy el que soy “, pero el nombre que aparece en el original es YHWH, nunca “Jehová”.

3.- ¿De dónde viene entonces el nombre “Jehováh”?

En ningún sitio de la Biblia original hebrea aparece ese nombre. Ya hemos visto que el único nombre que aparece es “Yahwéh”. ¿Cómo entonces hay personas que dicen que el nombre de Dios no es “Yahwéh” sino “Jehováh”. Veamos el por qué apareció este nombre de “Jehováh”.

Ten en cuenta varias cosas:

1. El nombre de Dios estaba prohibido pronunciarlo bajo pena de muerte, tal era el respeto que sentían por Dios. ¿Qué hacían entonces los judíos cuando en la sinagoga iban leyendo la Biblia y llegaban a un pasaje que contenía la palabra YHWH?
2. Cuando veían escrita esta palabra, ellos pronunciaban la palabra hebrea “adonay”, que significa “el Señor”.
3. Este proceso de cada vez que ellos veían este nombre de Yahwéh, lo cambiaban por “ádonay”= “el Señor” tuvo lugar unos 500 años antes del nacimiento de Cristo.
4. Durante muchos siglos los judíos pronunciaban en lugar de Yahwéh, la palabra “ádonay”, ya que ellos consideraban que el nombre de Dios (Yahwéh) era demasiado sagrado para ser pronunciado por una boca humana.
5. Con el paso de los años algunos de los estudiosos hicieron una cosa muy curiosa. Como te habrás fijado la palabra YHWH no tiene letras vocales y sería tremendamente difícil de pronunciar para nosotros. Pues bien, lo que hicieron fue una cosa muy simple: cogieron las consonates del nombre bíblico de Dios y las vocales de ádonay, y miren el nombre que salió: YHWH + AdOnAy = YAHOWAH (Jehováh). Como ves, el nombre de “Jehováh” es una combinación de letras de YHWH+AdOnAy. Es por tanto un nombre artificial, hecho por los hombres, pero nunca el nombre que Dios se da en la Biblia. Es como si nosotros inventáramos algunas palabras realizando una combinación de letras, como por ejemplo: “eledrilo” o “cocofante”, pero en ningún caso esto tendría ninguna base.

4.- ¿Cuándo empezaron los judíos a pronunciar el nombre de YHWH?

Según los últimos estudios, se sabe que los judíos empezaron a utilizar el nombre de YHWH hacia el año 1500 antes de Cristo, se empezó a utilizar en tiempos de Moisés. Luego empiezan a dejarlo de pronunciar por respeto y se sustituye tanto al hablarlo como al escribirlo hacia el año 500 antes de Cristo, en la época del Exilio, y comienzan a utilizar la palabra de la lengua hebrea “Adona”, que significa “el Señor”.

Cuando aparece Jesús, los cristianos le designan en el idioma arameo con la palabra “MAR”, que significa “el Señor”, y con la palabra griega “KYRIOS”, que significa también “el Señor”.
Como puedes ver los cristianos le dan a Jesús el mismo título que le daban a Dios, reconociendo así que Jesús es también Dios.

5.- ¿Es importante conocer y estudiar la Biblia?

Por supuesto, todos los católicos debemos de estudiar y rezar la Biblia, para que no hagamos decir a la Palabra de Dios otra cosa bien distinta a lo que de verdad nos quiere transmitir.

Te invitamos a que leas y estudies la Biblia. Si vives en la Isla de Gran Canaria (Islas Canarias. España), te invitamos a participar en la “Escuela de Biblia” en nuestra parroquia, es una vez por semana, gratuita y muy interesante. ¡te esperamos!

No te extrañes si ves el nombre de Yahvéh, escrito de distintas maneras como por ejemplo: “Yave”, “Yavé”, “Yavhé”, “Yahvéh”, “Yavhe”, etc. son transcripciones distintas de un mismo nombre.

BuzonCatolico.es





20 comentarios para “Yahwéh o Jehová ¿De dónde viene el nombre Jehováh?”

  1. Mauricio Gavilanes dice:

    Hola a Uds.

    En la biblia Volgata Latina en el salmo 83 :18 se reconoce que el verdadero nombre de Dios es Jehova.

    Saludos para todos/as

    • Mauricio Gavilanes dice:

      Correcion: No es el salmo 83:18 sino el salmo 82:19 que en numeros romanos se escribe LXXXII.
      Disculpas, ya que en el anterior comentario me equivoque en la escritura del salmo.
      Bendiciones a todos

  2. cruz delia c jimenez dice:

    DIOS LES BENDIGA POR EVANGELIZAR, POR ESTOS MEDIOS SON INSTRUCTORES DE LOS QUE QUIEREN APRENDER LA VERDAD, DIOS LES COLME DE BENDICIONES

    • Leny delcid dice:

      esta respuesta es muy importante y satifatoria muchas veses me la hice que dios lede la saviduria y inteligencia para tener respuestas como esta gracias que DIOS LOS BENDIGA HOY Y X SIEMPRE

  3. Mauricio Gavilanes dice:

    Hola a Uds

    Aunque no crean en el salmo 83:10 de la biblia Volgata latina, que fue una de las primeras traducciones de la biblia se reconoce que el verdadero nombre de Dios es Jehova

    Saludos

  4. Mauricio Gavilanes dice:

    Hola a Uds.

    En ningun momento la palabra YHWH , osea el tetragramaton que es el verdadero nombre de Dios en hebreo " Yo soy el que soy" equivale a que sean tres personas en uno, lo que niega la teoria teologica de la Santisima trinidad, que fue creada por el Papa Tertuliano, ademas la palabra trinidad no es una palabra biblica.

    Saludos

    • Mauricio Gavilanes dice:

      Hola a Uds

      Les pido disculpas ya que la cita biblica es salmo LXXXII: 19 y no la cita biblica que consta en el comentario anterior.

      Cite equivocadamente el numero 83 en el comentario anterior, ya que es el salmo 82 que en numeracion romana es LXXXII.
      La biblia Volgata latina es una traduccion al español de la primera version que se tradujo al idioma greco romano.

      Bendiciones a los que lean este comentario

  5. byron benitez dice:

    que buena evangelizacion quisiera salir de muchas dudas Dios les bendiga,por favor pueden enviarme temas sobre porque debo ser catolica

    • Mauricio Gavilanes dice:

      Hola
      Buena pregunta.

      Hola Byron

      ¡Veras!, la religion catolica la hemos heredado desde que los españoles conquistaron America, y ha influido mucho en nuestra vida cotidiana y en nuestras costumbres, pero estan equivocados ya que nos han mal enseñado a ser idolatras como consta en Levitico 26: 1-40, en Exodo 20:4-6 en el Salmo 115 con todos sus versiculos.

      La religion catolica nos ha mal enseñado a adorar estatuas, inclinarnos ante ellas al entrar a los templos santiguandonos, nos han malenseñado a venerar medallitas de santos, a hacer procesiones alabando a estatuas e idolos tallados en madera y metal y esa es una ofensa terrible contra Dios.

      Si deseas concocer mas acerca de esto busca en la wikipedia todo acerca de si los primeros cristianos adoraban idolos.

      Historicamente cuando los apostoles empezaron a evangelizar en Grecia, sus seguidores y fieles comenzaron a construir y tallar estatuas de los apostoles, en madera y metal.

      Esta situacion la hacian por los milagros que los mismos apostoles hacian de sanacion a mucha gente, entonces empezaron a ser vistos como santos o semidioses.
      Abre la pagina Web, “el helenismo-wikipedia la enciclopedia libre”.
      Con el respeto que se merecen todos los catolicos/as, es mejor que dejen la idolatria ya que quien hace milagros a traves de las estatuas es el mismo Satanas que esta extraviando a la gente 2 Co 11:14.
      Entre muchas de las costumbres religiosas que tambien condena la biblia estan las fiestas paganas como la navidad empleando el arbol y el nacimiento que no es una costumbre biblica, mas es inventada por seres humanos, asi como las procesiones de adoracion a la virgen de Guadalupe en Mexico, la virgen del cisne y del Quinche en Ecuador, la virgen de las lajas en Colombia, las procesiones de adoracion a santos como San fermin, el divino niño etc etc son formas de idolatria.

      Todas las religiones que en su forma de adorar utilizan idolos pertenecen a babilonia la grande y segun la biblia pronto caera.

      Bendiciones a todos/as

      • Mauricio Gavilanes dice:

        En el anterior comentario falto aclarar que como los griegos tenian creencias filosoficas que difieren a las de los cristianos, ellos estaban acostumbrados a adorar dioses paganos y construian y tallaban estatuas en madera y cemento por lo que ese fue el inicio de la idolatria en las creencias religiosas cristianas que influyeron en Grecia.
        Algunos ejemplos de dioses mitologicos que tenian los griegos son Zeus, Apolo, Venus etc.En el proximo comentario les envio informacion acerca de esto.

        Asi fue como se comenzaron a crear estatuas en cemento de los apostoles y despues se construian de todos los seguidores de estos que se convirtieron en santos.
        Desde ese entonces nacen estas costumbres paganas de adorar, venerar monumentos en cemento, idolos de santos en metal, madera.
        Para la mayoria de catolicos todos estos son simbolos de adoracion, pero eso es una forma equivocada de adorar.

        Bendiciones a todos/as

        Bendiciones a Uds

        • Mauricio Gavilanes dice:

          La Mitología griega son creencias y observancias rituales de los antiguos griegos, cuya civilización se fue configurando hacia el año 2000 a.C. Consiste principalmente en un cuerpo de diversas historias y leyendas sobre una gran variedad de dioses. La mitología griega se desarrolló plenamente alrededor del año 700 a.C. Por esa fecha aparecieron tres colecciones clásicas de mitos: la Teogonía del poeta Hesíodo y la Iliada y la Odisea del poeta Homero.

          La mitología griega tiene varios rasgos distintivos. Los dioses griegos se parecen exteriormente a los seres humanos y revelan también sentimientos humanos. A diferencia de otras religiones antiguas como el hinduismo o el judaísmo, la mitología griega no incluye revelaciones especiales o enseñanzas espirituales. Prácticas y creencias también varían ampliamente, sin una estructura formal — como una institución religiosa de gobierno — ni un código escrito, como un libro sagrado.

          Principales dioses

          Los griegos creían que los dioses habían elegido el monte Olimpo, en una región de Grecia llamada Tesalia, como su residencia. En el Olimpo, los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban sendos poderes: el cielo o firmamento, el mar y la tierra.
          Los doce dioses principales, habitualmente llamados Olímpicos, eran Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Artemisa, Ares, Afrodita, Hestia, Hermes, Deméter y Poseidón.

          Zeus es el dios del cielo, en la mitología griega, es el dios máximo del Olimpo. Gobierna estableciendo orden, la justicia y el destino del Universo.

          Homero dice que fue en Ida, y era el hijo menor del titán Cronos y de la titánida Rea y hermano de las divinidades Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera.

          De acuerdo con uno de los mitos antiguos sobre el nacimiento de Zeus, Cronos, temiendo ser destronado por uno de sus hijos, los devoraba cuando nacían y según la tradición, su madre Rea envolvió una piedra con pañales para engañar a Cronos y ocultó al dios niño en Creta, confiándolo a las ninfas y a los habitantes de la región, a los que pidió que bailasen ruidosas danzas guerreras con el fin de que la criatura divina no delatase con sus gritos su existencia ante su padre Cronos, que estaba deseoso de devorarlo, como había hecho con sus hermanos. Amaltea fue su nodriza que lo amamantó con su leche y también fue alimentado con con miel que destilaron las abejas del monte Ida.

          Cuando Zeus se hizo adulto, Metis (Prudencia), le proporcionó una planta que hizo vomitar a Cronos todos los hijos que se había tragado, que estaban deseosos de vengarse de su padre. Durante la guerra que sobrevino, los titanes lucharon del lado de Cronos, pero Zeus y los demás dioses lograron la victoria y los titanes fueron enviados a los abismos del Tártaro. A partir de ese momento, Zeus gobernó el cielo, y sus hermanos Poseidón y Hades recibieron el poder sobre el mar y el submundo, respectivamente. Los tres gobernaron en común la tierra.

          Cuando no está en el Olimpo, estableciendo orden entre los dioses o decidiendo asuntos referentes a los mortales, es posible encontrar a Zeus en algún lugar de la Tierra. También desciende del Olimpo cuando desde lo alto divisa alguna doncella que le agrada demasiado, ya que Zeus es muy propenso a tener romances, tanto con diosas o ninfas, como con mortales, pero siempre tiene especial cuidado en ocultárselo a su esposa Hera (aunque no siempre tiene éxito en esta empresa, de vez en cuando la diosa se entera de las infidelidades de su esposo).

          En épocas de sequía puede provocar la lluvia retorciendo la lana de una oveja; lanza el rayo y el relámpago y sobre todo, mantiene el orden, el equilibrio y la justicia en el mundo. Es implacable cuando se encarga de velar por el mantenimiento de los juramentos y por el respeto de los deberes para con los huéspedes, quienes siempre deberán ser bien recibidos. Garantiza a los dioses que se mantenga el poder real, la realización de tributos y sacrificios por parte de los mortales y el estricto cumplimiento de la jerarquía social.

          Casado con su hermana Hera, es padre de Ares, dios de la guerra; de Hebe, diosa de la juventud; de Hefesto, dios del fuego, y de Ilitía, diosa del parto. Al mismo tiempo, se describen las aventuras amorosas de Zeus, sin distinción de sexo (Ganímedes), y los recursos de que se sirve para ocultarlas a su esposa Hera.

          En la mitología antigua son numerosas sus metamorfosis en diversos animales para sorprender a sus enemigos y tuvo numerosas relaciones con diosas y mujeres mortales, de quienes ha obtenido descendencia. Algunas de sus relaciones amorosas fueron con: la ninfa Calisto, la semidiosa Antíope, la sacerdotisa Io, con Semele, Dánae hija del rey de Argos, la bella , Alcamena, Leda, Elara, Carme, Día, Electra, Europa. Sus amoríos con mortales se explican a veces por el deseo de los antiguos griegos de vanagloriarse de su linaje divino.

          En la escultura, se representa a Zeus como una figura barbada y de apariencia regia. La más famosa de todas fue la colosal estatua de marfil y oro, del escultor Fidias, que se encontraba en Olimpia. Sus principales templos estaban en Dódona, en el Epiro, la tierra de los robles y del templo más antiguo, famoso por su oráculo, y en Olimpia, donde se celebraban los juegos olímpicos en su honor cada cuatro años. Los juegos de Nemea, al noroeste de Argos, también estaban dedicados a Zeus. Zeus corresponde al dios romano Júpiter.

          Hera es en la mitología griega, reina de los dioses, hija de los titanes Cronos y Rea, hermana y mujer del dios Zeus. Para Zeus no fue muy fácil convencer a Hera del matrimonio, por lo que usó diversas estrategias, hasta que camuflado de pájaro desvalido pudo llegar al corazón de su amada y conquistarla. Zeus adoptó su forma natural y volvió a pedirle matrimonio a Hera. La diosa sintió entonces que se casaría para dar el ejemplo y continuar con el rol de Madre de los Cielos, tal como lo habían hecho Rea y Gea con Cronos y Urano.

          Hera era la diosa del matrimonio y la protectora de las mujeres casadas, pues era la esposa legítima de Zeus, esto la convertía naturalmente en la protectora de las mujeres casadas. Se la representaba como celosa, violenta y vengativa Era muy común que frecuentemente se enfrentara a Zeus, porque las infidelidades de su esposo significaban para ella verdaderos insultos. Por eso persiguió con ira tanto a las amantes de Zeus, como a la descendencia extramatrimonial del dios. Hera mantuvo siempre ulla de su marido y nunca se sintió en inferioridad de condiciones ya que siempre tuvo presente que ella pertenecía a la misma generación divina que Zeus, por lo tanto tenía el mismo rango jerárquico.

          Era madre de Ares, dios de la guerra, de Hefesto, dios del fuego, de Hebe, diosa de la juventud, y de Ilitía, diosa del alumbramiento. Mujer celosa, Hera perseguía a menudo a las amantes y a los hijos de Zeus. Nunca olvidó una injuria y se la conocía por su naturaleza vengativa. Cierta vez armó un complot para castigar una infidelidad de su marido, pero la nereida Tetis, que estaba muy agradecida por haber concertado su matrimonio con Peleo y además era muy prudente y sospechaba que este acto desencadenaria una guerra civil, recurrió al gigante de cien manos llamado Egeón, que libró a Zeus de las cadenas.

          Entonces Zeus furioso desató su ira contra Hera y la suspendió entre el cielo y la tierra, amarrando cada una de sus manos a una anilla de oro y atándole un yunque en cada pie. Luego hizo jurar a cada uno de los Olímpicos que nunca más osarían levantarse en su contra.

          El único que protestó fue Hefesto, que al ver a su madre castigada de ese modo se quejó, pero Zeus no tenía paciencia para soportar recriminaciones de ningún tipo y menos cuando se trataba de un complot en su contra, entonces le profirió un puntapié tan fuerte que lo arrojó hasta la tierra desde el Olimpo y tras el golpes Hefesto quedó rengo para toda la eternidad. Hera finalmente fue perdonada y regresó al Olimpo, a cumplir su rol de protectora de la familia.

          Irritada con el príncipe troyano Paris por haber preferido a Afrodita, diosa del amor, antes que a ella, Hera ayudó a los griegos en la guerra de Troya y no se apaciguó hasta que Troya quedó destruida. Se suele identificar a Hera con la diosa romana Juno

          Hefesto, en la mitología griega, dios del fuego y de la metalurgia, hijo del dios Zeus y de la diosa Hera o, en algunos relatos, sólo hijo de Hera. A diferencia de los demás dioses, Hefesto era cojo y desgarbado. Poco después de nacer lo echaron del Olimpo: según algunas leyendas, lo echó la misma Hera, quien lo rechazaba por su deformidad; según otras, fue Zeus, porque Hefesto se había aliado con Hera contra él. En la mayoría de las leyendas, sin embargo, volvió a ser honrado en el Olimpo y se casó con Afrodita, diosa del amor, o con Áglae, una de las tres gracias. Era el artesano de los dioses y les fabricaba armaduras, armas y joyas. Se creía que su taller estaba bajo el monte Etna, volcán siciliano. A menudo se identifica a Hefesto con el dios romano del fuego, Vulcano. La Fragua de Vulcano es el cuadro en el que Velázquez da su visión sobre los dioses transformándolos en campesinos o artesanos humanos

          Ártemis o Artemisa (mitología), en la mitología griega, una de las principales diosas, equivalente de la diosa romana Diana. Era hija del dios Zeus y de Leto y hermana gemela del dios Apolo. Era la rectora de los dioses y diosas de la caza y de los animales salvajes, especialmente los osos, Ártemis era también la diosa del parto, de la naturaleza y de las cosechas. Como diosa de la luna, se la identificaba a veces con la diosa Selene y con Hécate.

          Aunque tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas, Ártemis impidió que los griegos zarparan de Troya durante la guerra de Troya mientras no le ofrecieran el sacrificio de una doncella. Según algunos relatos, justo antes del sacrificio ella rescató a la víctima, Ifigenia. Como Apolo, Ártemis iba armada con arco y flechas, armas con que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían. En otras leyendas, es alabada por proporcionar una muerte dulce y plácida a las muchachas jóvenes que mueren durante el parto.

          Apolo (mitología), en la mitología griega, hijo del dios Zeus y de Leto, hija de un titán. Era también llamado Délico, de Delos, la isla de su nacimiento, y Pitio, por haber matado a Pitón, la legendaria serpiente que guardaba un santuario en las montañas del Parnaso. En la leyenda homérica, Apolo era sobre todo el dios de la profecía. Su oráculo más importante estaba en Delfos, el sitio de su victoria sobre Pitón. Solía otorgar el don de la profecía a aquellos mortales a los que amaba, como a la princesa troyana Casandra.

          Apolo era un músico dotado, que deleitaba a los dioses tocando la lira. Era también un arquero diestro y un atleta veloz, acreditado por haber sido el primer vencedor en los juegos olímpicos. Su hermana gemela, Ártemis, era la guardiana de las muchachas, mientras que Apolo protegía de modo especial a los muchachos. También era el dios de la agricultura y de la ganadería, de la luz y de la verdad, y enseñó a los humanos el arte de la medicina.

          Algunos relatos pintan a Apolo como despiadado y cruel. Según la Iliada de Homero, Apolo respondió a las oraciones del sacerdote Crises para obtener la liberación de su hija del general griego Agamenón arrojando flechas ardientes y cargadas de pestilencia en el ejército griego. También raptó y violó a la joven princesa ateniense Creusa, a quien abandonó junto con el hijo nacido de su unión. Tal vez a causa de su belleza física, Apolo era representado en la iconografía artística antigua con mayor frecuencia que cualquier otra deidad.

          Atenea, una de las diosas más importantes en la mitología griega. Diosa de la Sabiduría, Atenea es la inventora de la flauta, la trompeta, el arado, el yugo para los bueyes, el carro, el barco y la olla de barro para cocinar. Además fue la que enseñó a los mortales los números y a las mujeres las instruyó en la cocina el tejido y el hilado.

          Atenea es la diosa que nació ya adulta, fruto de la unión de Zeus con Métis, la diosa de la Prudencia. Durante el embarazo de Metis, Urano y Gea advirtieron a Zeus que si Metis daba a luz a un varón, éste destronaría a su padre del reino que tanto trabajo le había costado conseguir. Sin deseos de correr riesgos, Zeus se tragó a Metis. Pero cuando llegó el día del parto, un tremendo dolor de cabeza hizo llegar a Zeus hasta los limites de tolerancia, entonces llamó a Hefesto Y a los gritos le pidió que le abriera la cabeza de un hachazo. Así surgió Atenea, lista para salir a la batalla.

          Fue la hija favorita de Zeus. Él le confió su escudo, adornado con la horrorosa cabeza de la gorgona Medusa, su ‘égida’ y el rayo, su arma principal. Diosa virgen, recibía el nombre de Parthenos (‘la virgen’). En agradecimiento a que Atenea les había regalado el olivo, el pueblo ateniense levantó templos a la diosa, el más importante era el Partenón, situado en la Acrópolis de Atenas.

          A Atenea se la conoce como la diosa guerreras armada con una lanza y la égida —coraza de piel de cabra—, sin embargo no le agradan las batallas como a su hermano Ares, porque siempre valoró muchísimo más la inteligencia y la prudencia que la violencia. Por lo tanto es promotora de la conciliación de los pleitos a través de medios pacíficos.

          Afrodita, en la mitología griega, diosa del amor y la belleza. La diosa del amor griega, a quien se conoce en la Mitología latina con el nombre de Venus. Casi todas las culturas antiguas encontraron una personificación para el Amor y la Belleza. En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione y otras leyendas posteriores la identifican como hija de Urano, nacida luego de que Crono cercenara sus órganos sexuales y los arrojara al mar.

          La diosa que se dio a conocer emergiendo a través dé las olas del mar, era tan hermosa que todos los habitantes del mar se reunieron para admirarla. Cuando, la diosa vio la luz del sol por primera vez, montada en un carro hecho con una concha de mar, todos los seres comenzaron a disfrutar de la belleza, la alegría y el amor con verdadera plenitud. Afrodita fue conducida desde el mar por los Céfiros primero hasta la costa de Citera, y luego a la isla de Chipre. Allí bajó del carro completamente desnuda, se escurrió su larga cabellera y el agua al caer sobre la arena se transformó en bellísimos caracoles. En Cnosos se levantó un santuario en su honor y el piso estaba completamente recubierto de corales, piedras preciosas y conchas marinas.

          Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis.

          La noticia del nacimiento de la criatura más hermosa que pisó alguna vez la tierra y fue acariciada por las olas del mar, se divulgó rápidamente en el Olimpo. Las cualidades de la diosa se comentaron entre todos los Olímpicos y, como consecuencia todas las divinidades masculinas ardiendo de deseo y las femeninas, incrédulas y curiosas a la vez, quisieron conocer a esta belleza sin par. Antes de ser presentada ante los inmortales, las Horas, colocaron en la cabeza de Afrodita una guirnalda de flores eternas y acompañaron por los aires a la diosa, que se presentó en el Olimpo. Naturalmente Afrodita superó las expectativas masculinas y levantó una corriente de celos entre las demás diosas.

          Tal vez la leyenda más famosa sobre Afrodita está relacionada con la guerra de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única diosa no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó resentida a la sala del banquete una manzana de oro destinada “a la más hermosa”. Cuando Zeus se negó a elegir entre Hera, Atenea y Afrodita, las tres diosas que aspiraban a la manzana, ellas le pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diese su fallo. Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante; Atenea, que alcanzaría una gran fama militar, y Afrodita, que obtendría a la mujer más hermosa del mundo. Paris seleccionó a Afrodita como la más bella, y como recompensa eligió a Helena de Troya, la mujer del rey griego Menelao. El rapto de Helena por Paris condujo a la guerra de Troya. Corresponde a Venus la diosa romana en la mitología latina.

          Hades, en la mitología griega, dios de los muertos. Era hijo del titán Cronos y de la titánide Rea y hermano de Zeus y Poseidón. Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo. Allí, con su reina, Perséfone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno. En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, señor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra.

          El mundo subterráneo suele ser llamado Hades. Estaba dividido en dos regiones: Erebo, donde los muertos entran en cuanto mueren, y Tártaro, la región más profunda, donde se había encerrado a los titanes. Era un lugar oscuro y funesto, habitado por formas y sombras incorpóreas y custodiado por Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de dragón. Siniestros ríos separaban el mundo subterráneo del mundo superior, y el anciano barquero Caronte conducía a las almas de los muertos a través de estas aguas. En alguna parte, en medio de la oscuridad del mundo inferior, estaba situado el palacio de Hades. Se representaba como un sitio de muchas puertas, oscuro y tenebroso, repleto de espectros, situado en medio de campos sombríos y de un paisaje aterrador. En posteriores leyendas se describe el mundo subterráneo como el lugar donde los buenos son recompensados y los malos castigados

          Poseidón, en la mitología griega, dios del mar, hijo del titán Cronos y la titánide Rea, y hermano de Zeus y Hades. Corno Poseidón necesitaba una esposa para compartir el reino de los mares, se fijó primero en la Nereida Tetis y la cortejó con gran caballerosidad, colmándola de regalos preciosos. Pero Temis advirtió al dios que debía tener cuidado, porque la descendencia que tuviera con Tetis llegaría a ser más importante que el mismo Poseidón. Esto hizo desistir inmediatamente al dios de su idea de matrimonio con Tetis y comenzó a poner su atención en otra nereida llamada Anfitrite (cuyo nombre significa “la que fluye alrededor”).

          Sin embargo, ocurrió esta vez que la nereida rechazó abruptamente los requerimientos del dios y cuando comprobó que Poseidón no dejaría de cortejarla tan fácilmente, Anfitrite se escapó hacia el monte Atlas. Pero al fin y al cabo Poseidón era un dios y luego del reparto de los reinos con sus hermanos, había aprendido que debía pelear por aquello que deseaba, entonces envió unos mensajeros para que trajeran a la nereida de regreso, donde se destacó la Delfina, al lograr el matrimonio con Poseidón. Como agradecimiento la Delfina se transformó en la constelación Delfín.

          Poseidón, sin embargo, tuvo otros numerosos amores, especialmente con ninfas de los manantiales y las fuentes, y fue padre de varios hijos famosos por su salvajismo y crueldad, entre ellos el gigante Orión y el cíclope Polifemo. Poseidón y la gorgona Medusa fueron los padres de Pegaso, el famoso caballo alado.

          Poseidón desempeña un papel importante en numerosos mitos y leyendas griegos. Disputó sin éxito con Atenea, diosa de la sabiduría, por el control de Atenas. Cuando Apolo, dios del sol, y él decidieron ayudar a Laomedonte, rey de Troya, a construir la muralla de la ciudad, éste se negó a pagarles el salario convenido. La venganza de Poseidón contra Troya no tuvo límites. Envió un terrible monstruo marino a que devastara la tierra y, durante la guerra de Troya, se puso de lado de los griegos.

          A Poseidón se lo representaba de pie sobre las olas o en un carro de ruedas de oro formado por un caracol gigante y conducido por caballos marinos; siempre era seguido por peces, delfines, nereidas y genios marinos. El emblema que eligió el dios fue el caballo, ya que siempre dijo que este animal había sido creado por él. Su única arma era el tridente, con el que agitaba las aguas y podía hacer naufragar los barcos.

          Su figura es muy parecida a la de su hermano Zeus, con larga barba y majestuosa, de cuerpo robusto y hermoso y siempre acompañado del tridente, símbolo de poder. Aparece acompañado por un delfín, o bien montado en un carro tirado por briosos seres marinos. Los romanos identificaban a Poseidón con su dios del mar, Neptuno.

          Ares, en la mitología griega, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Ares es representado con coraza, casco, escudo y tina espada manchada de sangre. Tiene un cuerpo enorme y suele ir acompañado de sus hijos Deimos (Temor) y Fobo (Terror). Agresivo y sanguinario, Ares personificaba la brutal naturaleza de la guerra, y era impopular tanto para los dioses como para los seres humanos.

          A pesar de su pasión por la guerra, es derrotado en numerosas oportunidades. Seguramente la tradición se esfuerza en demostrar que la fuerza bruta, sin ningún ideal de por medio, es fácilmente susceptible de ser vencida. Ares no era invencible, ni siquiera frente a los mortales. Es así como se lo ve derrotado en la Titanomaquia (Guerra de Titanes) ; burlado por Heracles, humillado por Atenea y herido, por un mortal (Diomedes), durante la guerra de Troya.

          La colina de Atenas que lleva el nombre de Areópago, en donde se reunía el tribunal que juzgaba los crímenes de origen religioso. Va unido a Ares por el siguiente mito; los dioses habían culpado a Ares por la muerte del hijo de Poseidón, llamado Halirrotio. Pero Ares se liberó de esta acusación alegando que lo había matado porque intentó violar a su hija, Acipea. Era la palabra del dios Ares contra el dios Poseidón, ya que Halirrotio estaba muerto. Nadie confiaba en el testimonio de Ares, pero finalmente los dioses, tuvieron que absolver al dios de la guerra, porque Acipea testificó a favor de su padre.

          El culto de Ares, que se creía originario de Tracia, no estaba muy difundido en la antigua Grecia y, donde existía, carecía de significación social o moral. Los romanos lo identificaban con Marte, también un dios de la guerra.

          Hermes, en la mitología griega, mensajero de los dioses, hijo del dios Zeus y de Maya, la hija del titán Atlas. Como especial servidor y correo de Zeus, Hermes tenía un sombrero y sandalias aladas y llevaba un caduceo de oro, o varita mágica, con serpientes enrolladas y alas en la parte superior. Guiaba a las almas de los muertos hacia el submundo y se creía que poseía poderes mágicos sobre el sueño. Hermes era también el dios del comercio, protector de comerciantes y pastores. Como divinidad de los atletas, protegía los gimnasios y los estadios, y se lo consideraba responsable tanto de la buena suerte como de la abundancia. A pesar de sus virtuosas características, también era un peligroso enemigo, embaucador y ladrón.

          El día de su nacimiento robó el rebaño de su hermano, el dios del sol Apolo, oscureciendo su camino al hacer que la manada anduviera hacia atrás. Al enfrentarse con Apolo, Hermes negó haber robado. Los hermanos acabaron reconciliándose cuando Hermes le dio a Apolo su lira, recién inventada. En el primitivo arte griego, se representaba a Hermes como un hombre maduro y barbado; en el arte clásico, como un joven atlético, desnudo e imberbe como puede comprobarse en el Hermes de Praxíteles, en Olimpia

          Dioniso, dios del vino y del placer, estaba entre los dioses más populares. Los griegos dedicaban muchos festivales a este dios telúrico, y en algunas regiones llegó a ser tan importante como Zeus. A menudo lo acompañaba una hueste de dioses fantásticos que incluía a sátiros, centauros y ninfas. Los sátiros eran criaturas con piernas de cabra y la parte superior del cuerpo era simiesca o humana. Los centauros tenían la cabeza y el torso de hombre y el resto del cuerpo de caballo. Las hermosas y encantadoras ninfas frecuentaban bosques y selvas.

          Saludos a Uds

          • Mauricio Gavilanes dice:

            Hola a Uds

            He pegado de la pag web que titula, como sigue mas abajo, lo que es el concepto de idolatria.
            Saquen sus propias conclusiones

            LA IDOLATRIA EN LA BIBLIA(II)
            LA IDOLATRIA SEGUN EL NUEVO TESTAMENTO

            1 – Jesús desenmascara las falsas divinidades
            Todos sabemos que con Jesús llega a su término el proceso de revelación bíblica. Dios había ido poco a poco manifestándose a sí mismo, hasta llegar a la cumbre, que es Jesús. Y para revelarse Dios a sí mismo había tenido que ir desenmascarando las falsas divinidades. Por ello es lógico que Jesús, revelación plena del amor del Padre, completa este proceso.
            No es el fin de este folleto presentar el lado positivo de cómo Jesús es la revelación plena de Dios. Ello, por ejemplo, lo he desarrollado en mi libro “El Dios de Jesús”. A él me remito.
            Ciertamente Jesús no se limitó a predicar al Dios verdadero, sino que, como complemento, combatió y desenmascaró toda imagen falsa de Dios. Su conocimiento y su amor al Padre era tan perfecto, que no podía permanecer impasible ante las caricaturas que se hacían de él. Además, una de las formas de dar a conocer a Dios es también a través del contraste con las falsas divinidades.

            Conocer a Dios y reconocer los falsos rostros de Dios son como las dos caras de la misma moneda.
            Si entre Jesús y los fariseos se hubiese organizado un panel de discusión ideológica sobre Dios, quizás no se hubieran encontrado diferencias básicas entre ellos. La oposición entre Jesús y los representantes de la religión oficial de entonces no se dio en el plano doctrinal. En la teoría estaban bastante de acuerdo.
            Los adversarios de Jesús, escribas, fariseos y saduceos, nunca se habían imaginado que Dios no fuera bueno, que no fuera misericordioso, que no fuera libre. Pero si se abandona la teoría sobre Dios y se pasa a concretar el comportamiento de Dios hacia los hombres, entonces la oposición entre Jesús y los fariseos es evidente.
            En el combate de Jesús, se trata de Dios, no de una teoría sobre Dios: cómo se vive a Dios, y no cómo se habla sobre Dios. Por ello la base para interpretar a Jesús es ante todo su acción. Jesús nunca dio una definición de Dios, sino que su vida toda es la manifestación plena del rostro de Dios. Viendo a Jesús, se ve a Dios (Jn 14,19).
            El debate entre Jesús y sus opositores recae sobre la forma cómo actúa Dios en los asuntos humanos. Es en los problemas concretos de la vida en los que se da oposición entre Jesús y los fariseos.
            Para Jesús la vivencia de Dios era diametralmente opuesta a la de ellos. Su corazón, lleno de Dios, no podía aceptar la predicación de que tantos pordioseros y enfermos como pululaban por Judea fueran consecuencia de un castigo divino. El sentía dentro el amor de Dios hacia ellos, y por eso se vuelca sobre los pobres, conversa cariñosamente con ellos, los toca, los cura y aun comparte su comida.
            Los fariseos maldecían al pobre como acto de piedad, ya que así pensaban imitar la acción castigadora de Dios; Jesús los bendice, ya que así secunda la acción misericordiosa de Dios. Los fariseos prohibían curar en sábado: así honraban el día del Señor; Jesús cura preferentemente en sábado, justo porque en el día del Señor se tienen que atender especialmente a sus preferidos. Ellos, en nombre de su dios, desprecian a lisiados, pobres, niños y mujeres; Jesús, en nombre de su Dios, los bendice y los atiende con especial cariño. Es que en realidad los dos están hablando de un Dios distinto, aunque los dos le den el mismo nombre.
            Según Jesús, el conocimiento de Dios no puede comprenderse fuera del efecto liberador que produce. El combatió la “ideología” que organizaba y justificaba la dominación saducea y farisea. Combatió contra ella, no porque juzgase erróneos los principios doctrinales de los fariseos, sino porque consideraba intolerables los efectos destructores de su religión. En este sentido el dios de la religión oficial de la sinagoga no era el Dios de Jesús. Si el Dios proclamado y venerado no libera, sino que oprime, ese dios no es el Dios de la Biblia. A Dios se le honra en donde se libera a los hombres de cualquier pecado. El pecado contra el Espíritu (Mc 3,9) consiste precisamente en confundir el acto liberador de Dios con el acto esclavizante de Satanás.
            A Jesús le apasiona el combate por la libertad de Dios. No le gustan las discusiones doctrinales. La doctrina abstracta sobre Dios puede servir de excusa para oprimir. Eso es lo que Jesús reprocha a escribas y fariseos: quieren encadenar a Dios a sus propios intereses personales y lo usan como excusa para oprimir y despreciar a los demás.
            Jesús se distinguió irremediablemente de los maestros en religión de entonces porque implicaba a Dios en la sociedad y en la misma religión de una manera distinta. Y pagó con su sangre esta opción que había hecho por un Dios liberador.
            Según Jesús los derechos de Dios no pueden estar en contradicción con los derechos de los hombres. Cualquier supuesta manifestación de la voluntad de Dios que vaya en contra de la dignidad de los hombres es la negación automática de la más profunda realidad de Dios.
            El Dios de Jesús es un Dios único, que excluye a todos los otros modos de concebir a Dios. El presenta a su Padre como Dios de la vida, alternativa excluyente de las divinidades de la muerte. Hay que elegir: o con el Dios de Jesús o contra el Dios de Jesús. O el Reino de este Dios o la teocracia judía y la “paz” romana.
            Los fariseos y sus seguidores sintonizaron con acierto que el Dios de Jesús no era el mismo dios que ellos proclamaban. Las palabras y las acciones de Jesús eran verdaderas “blasfemias” contra su dios.
            Ellos eligieron matar a Jesús en nombre de su dios e invocando a su dios. Los romanos lo ajusticiaron en nombre de los dioses del imperio que garantizaban “su paz”. Según la lógica de judíos y romanos el Dios de Jesús no debía existir: por eso quisieron destruirlo matando a quien lo predicaba. Los dioses de la muerte, dioses idolátricos, siempre quieren dar muerte al Dios de la Vida. Pero la Vida, al final, triunfa siempre sobre la muerte…
            La vida de Jesús no se entiende si no se entiende el conflicto entre Dios y los dioses. Los dirigentes judíos rechazaron a Jesús y su Dios: ”No tenemos más rey que al César” (Jn 19,15). Con ello muestran cuál es el dios por el que ellos habían optado: su ambición de poder y gloria. Rechazan al Dios del amor y eligen al que, por ser opresor, permite y justifica la opresión que ellos ejercen. El Dios al que ellos profesan fidelidad, aunque siguieran llamándolo Yavé, era un dios que legitimaba la opresión. Revelaban así su idolatría de hecho, pues pusieron sus intereses personales en lugar de Dios.
            En la pasión y muerte de Jesús no se trata de una confrontación personal entre las autoridades y Jesús. Lo que está en pugna es una diversidad opuesta en la concepción de Dios y, por consiguiente, de la organización de la sociedad. Se trata de totalidades de vida y de historia, en última instancia basadas y justificadas en una concepción de Dios. Romanos y judíos defienden a sus dioses; Jesús vive y predica a su Dios. Y en esta pugna, le quieren hacer desaparecer; y Jesús da la vida, conscientemente, sin claudicar en su fe. Con ello triunfa sobre todos los dioses de la muerte…

            2 – Idolatría de la ley
            Uno de los pasos dados por el Nuevo Testamento es la constatación de que la ley puede convertirse también en ídolo y el hombre sometido a la ley transformarse en idólatra. Esto es lo que aparece explícitamente en el texto de Gálatas:
            “En otros tiempos no conocían a Dios, y sirvieron a los que no son dioses. Pero ahora que ustedes conocieron a Dios, o más bien, que él los ha conocido, ¿cómo pueden volver a cosas y principios miserables y sin fuerza? ¿Otra vez quieren someterse a ellos? Ya que vuelven a observar días y meses y tiempos y años. Me hacen temer que me haya fatigado inútilmente” (4,8-11).
            La ley en sí misma puede que sea buena, pero cuando el hombre busca la salvación sólo en la observancia de la ley, ésta se convierte en un ídolo que mata: en “cosas y principios miserables y sin fuerza”. La ley no tiene en sí misma ninguna fuerza liberadora. El hombre esclavizado a ella acaba con los nervios destrozados: hace lo que no quiere y quiere lo que no puede hacer.
            Los judíos pensaban que merecían su propia justificación por su observancia de la ley, cuando en realidad nuestra justificación viene del sacrificio de Cristo. El hombre sólo es justificado por la fe en Jesucristo; no por las obras de la ley (Gál 2,16; Rom 3,28). La ley da el conocimiento del pecado, pero no el poder para apartarse de él. Nadie es justo ante Dios porque cumpla unas normas concretas. Ciertamente hay que seguir a Cristo, cumpliendo su Mandamiento Nuevo, pero la salvación no nace como consecuencia de esas obras, sino de la persona de Jesús.
            La fe en el Dios de Jesucristo se enfrenta en forma radical a la idolatría de la ley. A ello se refiere Pablo cuando dice: “Cristo nos liberó para que fuéramos realmente libres. Por eso, manténganse firmes, y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud” (Gál 5,1).
            Pablo les reconoce a los judíos que tienen un celo por Dios maravilloso, “pero en forma mal entendida”, por cuanto está privado del verdadero conocimiento de Dios. “No entienden cómo Dios nos hace santos, y se empeñan por hacerse santos a su manera. Con esto pasan al lado del camino de Dios” (Rom 10,1-3). Al considerar a Dios como un Poder exigente (la Ley) y amenazador (el Juicio Final), resulta que realmente no lo están conociendo. Porque Dios es, ante todo ”Justicia”, justicia salvadora que brota de su amor: Poder de vida fiel a su proyecto en favor del hombre. Ese desconocimiento les impide acoger la Justicia de Dios y ser así sus beneficiarios. Les impide dejarse amar por Dios.
            Los seguidores de la religión de la Ley no pueden más que defenderse, protegerse de ese Dios, a quien “malconocen” como amenaza. A fuerza de obras, cuyo valor está declarado por la Ley, los judíos se aseguraban contra Dios. Así, la relación con Dios, por religiosa que sea en cuanto al celo, se mueve, de hecho, en el desconocimiento y en el temor. Ello lleva implícito la desesperación de ver cómo pasa la vida sin que uno se encuentre debidamente armado para vencer al Juez que se acerca.
            En el evangelio de San Marcos, del 2,1 al 3,12, donde se cuentan las controversias de Jesús con los fariseos, se desarrolla una teología contra la idolatrización de la ley. La salvación que realiza Jesús es contraria a la ley fetichizada por los fariseos. Su postura se resume maravillosamente en la frase: “El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27).
            Esta idolatría aun puede ser más opresora y destructora que otras, ya que llega a pervertir la misma conciencia del hombre. Al igual que la idolatría del dinero, también ésta destruye las relaciones humanas, sociales y políticas. Ella es causa y consecuencia de un mundo opresor y represivo.

            3 – Idolatría del dinero
            Jesús identifica a la idolatría con el servicio al dinero: “Ningún servidor puede quedarse con dos patrones, porque verá con malos ojos al primero y amará al otro, o bien preferirá al primero y no le gustará el segundo. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero (Mammón)”.
            Nótese que no se trata del dinero en sí, sino de servir al dinero, ser esclavo de él. Esto no quiere decir que los bienes terrenos constituyan en sí un dios que se opone a Dios. Es el hombre, con su actitud, quien puede divinizarlos y convertirlos en un rival de Dios. Y de hecho con frecuencia se da esta alternativa entre Dios y el dinero. Así pasó con Judas, que prefirió las treinta monedas antes que al Maestro (Mt 16,14s).
            Servir al dinero es entregarse a él, aceptando que las riquezas son equivalentes a Dios. Por eso la enérgica contraposición de Jesús, que no sólo pone frente a frente a Dios y a “Mammón”, sino que exige a sus seguidores una opción exclusivista. De ahí la imprecación contra los ricos “porque ya tienen su consuelo” (Lc 6,24), declarándolos excluidos de las bienaventuranzas precisamente porque su fuente de seguridad y alegría es el dinero y no Dios.
            ¿Por qué Jesús pone frente a frente el servicio a Dios y al dinero? Porque el culto al dinero lleva a derramar la sangre del pobre, en las múltiples formas concretas que la explotación y opresión asumen en la historia humana. Y si al pobre se le quita aunque sea parte de la vida a la que tiene derecho, entonces se está en contra del Señor de la vida, Padre de todos.
            La idolatría del dinero, de ese fetiche que es producción humana, está indesligable y provocativamente vinculada a la ruina y la muerte del pobre. Por eso es que, yendo a la raíz, la idolatría va contra el Dios de Jesús que es el Dios de la vida. El dios-dinero se alimenta de víctimas humanas. Por eso Jesús nos lanza la disyuntiva de elegir entre el Dios de la vida y los dioses de la muerte…
            Jesús da un paso más, que sólo había sido insinuado por los profetas (Am 6,6): Condena el egoísmo del que no se preocupa de compartir lo que le sobra. Es el caso de Epulón y Lázaro (Lc 16,19-31) y el del rico insensato (Lc 12,16-20).
            En Epulón se destaca su egoísmo. No se dice que sea condenado por injusto, sino sencillamente porque ni se enteró de que a su puerta alguien necesitaba con urgencia las migajas de su mesa.

            El segundo rico no es descrito como ambicioso, ni injusto, pero ante la prosperidad sólo piensa en sí mismo: “Túmbate, come, bebe y date a la buena vida”. Aunque su cosecha sea muy abundante, su horizonte es muy limitado: ni Dios, ni el prójimo entran en su perspectiva.
            Pero la parábola no condena sólo su egoísmo: ataca también su confianza en sus bienes; cree que todo depende de ellos, y que cuando se tiene en abundancia no hay que preocuparse de nada más. Acumula porque es egoísta, pero es egoísta porque piensa que la abundancia de bienes constituye lo único seguro en esta vida.
            Esta parábola nos enseña que para idolatrar las riquezas no es preciso robar; basta ser egoísta, negándose a compartir los bienes, y poner la confianza en ellos.
            Esta misma es la enseñanza terrible de las “malaventuranzas”: son condenados los que sólo se preocupan de su consuelo, de estar satisfechos y pasarlo bien (Lc 6,24-26).
            Desde la venida de Jesús la riqueza perdió el sentido que tenía de ser considerada como signo de bendición de Dios. Jesús desacralizó la riqueza: la dejó en su significación natural. Le quitó al dinero su poder sobre los hombres. Si el dinero sigue teniendo tanto poder en nosotros esto quiere decir que no nos apoyamos suficientemente en su victoria.
            San Pablo insiste en el antagonismo existente entre avaricia y Reino de Dios.
            En tres listas que él confecciona de vicios incompatibles con la fe en Dios se nombra expresamente la idolatría. Se trata de 1 Corintios 5,9-13; 6,9-11 y Gálatas 4,19-21. Podemos detectar en estas enumeraciones que una de las realidades básicas en las que se puede dar la idolatría es el dinero: El codicioso, el tramposo, el ladrón es un idólatra, que acarrea con su actitud enemistades, discordias, rivalidades, egoísmos y envidias. La idolatría aparece como elemento destructor de las relaciones humanas.
            En un par de textos más Pablo relaciona explícitamente a la idolatría con el dinero. Dice que “los explotadores, que sirven al dios dinero, no tendrán parte en el Reino de Cristo y de Dios” (Ef 5,5). Y en otra carta exhorta a apartarse de: “la codicia, con la que uno se hace esclavo de ídolos” (Col 3,5).
            En estos dos textos codicia e idolatría son sinónimos. El término codicia, que en el original griego literalmente significa “tener más”, connota ambición, avidez, abundancia, arrogancia. El ídolo sería, por lo tanto, el dinero, pero no como una realidad en sí misma, sino la posesión del dinero como poder para desear y extraer más dinero de otros, creando enemistad y discordia. De ahí la identificación de idólatra con codicioso, ladrón y tramposo.
            Todos los textos de Pablo afirman el carácter antagónico de la idolatría con la realidad cristiana. En 1 Corintios 5,9-13 se ordena excluir de la comunidad cristiana a los idólatras. La codicia es incompatible con el ser cristiano. El apóstol no ordena apartarse de los idólatras, pues para eso habría que salirse de este mundo; pero sí ordena que sean expulsados de la comunidad.
            En 1 Corintios 6,9-11 y Gálatas 4,19-21 se afirma que los idólatras “no heredarán el Reino”. En 1 Corintios 10,14-17 se excluye al idólatra de la Eucaristía, presentada aquí como solidaridad con el cuerpo del Mesías y de la comunidad. El dinero como ídolo destruye esta solidaridad, destruye el Cuerpo del Mesías.
            El autor de la carta 1 Timoteo, como resumiendo el mensaje de Pablo y de los evangelios sinópticos, da el siguiente consejo: “Exige a los ricos que no se pongan orgullosos, ni confíen en riquezas, que siempre son inseguras. Que más bien confíen en Dios, que nos lo proporciona todo generosamente para que gocemos de ello” ( 6,17).
            Y Santiago critica duramente a algunos hacendados, no sólo porque no pagaron dignamente a sus cosechadores (5,4), sino además porque “no buscaron más que lujo y placer en este mundo, y lo pasaron bien mientras otros eran asesinados” (5,5).
            Podemos concluir que según el mensaje del Nuevo Testamento es imposible cualquier reconciliación entre la idolatría al dinero y el espíritu del Padre Dios.
            El espíritu de Dios es gracia, gratuidad, mansedumbre; el espíritu del dinero es dominación, orgullo, agresividad. El espíritu de Dios es amor y no apego: compartir; el espíritu del dinero es egoísmo y avaricia: competir. El dinero es lo primero que convierte al hombre en lobo para el hombre; el espíritu de Dios es simple y abierto; es limpio como una copa de cristal. La idolatría al dinero es torcida, disimulada, tiene dos caras, actúa en la obscuridad; Dios actúa a la luz. El espíritu del dinero consiste en utilizar su propio poder para intentar crearse su propio paraíso, y por ello utiliza a los débiles para que le sirvan de pedestal para alcanzar la gloria…
            Jesús ha vencido al poder del dinero. Y su victoria se manifiesta entre nosotros cuando un “rico”, en dinero o en deseo, no entrega a los pobres, individuos o naciones, en manos de los poderosos; cuando un “rico” desacraliza el poder del dinero en su conciencia y lo considera sólo como instrumento; cuando reconoce que Dios es el soberano de toda riqueza; cuando el “rico” es capaz de mirar sin pánico la pobreza y se considera libre en relación con la seguridad que le puede proporcionar el dinero; cuando se hace capaz de gratuidad y no cubre su conciencia bajo la capa de la limosna; cuando sabe compartir con el pobre… Cada hombre o mujer que vive el espíritu de las bienaventuranzas ha vencido ya el poder idolátrico de la plata.

            4 – Idolatría del poder político opresor
            Ya vimos cómo los profetas atacaron duramente todo lo que fuera divinización del poder. Hay personas que piensan que en el Nuevo Testamento se cambia este enfoque. Para entender este problema de nuevo es necesario tener en cuenta el proceso progresivo de revelación, a partir de las circunstancias históricas.
            Ciertamente en la carta a los Romanos dice Pablo: “Que todos se sometan a las autoridades que nos dirigen. Porque no hay autoridad que no venga de Dios…” (13,1). Dice además que el que tiene miedo a las autoridades es porque se porta mal, ya que ellas “están al servicio de Dios para llevarte al bien” (13,4). Y afirma que al cobrar impuestos los gobernantes son “los funcionarios de Dios mismo” (13,6). Aquí Pablo se mantiene en un terreno puramente teórico.
            También San Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, se esfuerza por presentar a los gobernantes del imperio como personas sensatas (13,7; 18,12-15; 19,33-40; 25,13-27).
            Para entender este enfoque de los primeros escritos del Nuevo Testamento hay que tener en cuenta que en aquel tiempo los cristianos intentaban supervivir manteniéndose al margen de la gran polémica existente entre los judíos y Roma. Por ello Pablo y los primeros evangelistas se esfuerzan en no tener problemas con las autoridades romanas.
            Pero después que con Nerón comenzó la persecución violenta, ciertamente el mensaje respecto al imperio cambió radicalmente.
            Ya Jesús había dicho: “Ustedes saben que los jefes de las naciones se portan como dueños de ellas y que los poderosos las oprimen” (Mt 20,25). Y enseguida aclara que entre sus seguidores no ha de ser así: el que le sigue ha de tener una actitud de servicio (20,26-28).
            Según San Lucas, cuando Satanás tentó a Jesús nos hizo una gran revelación: ”Te daré todo ese poder y esa gloria, porque me lo han dado a mí y yo lo doy a quien quiero” (Lc 4,6). Satanás es dueño, es señor con verdadero dominio, y los idólatras son administradores suyos que reciben de él poder, bienes y éxito.
            En el Apocalipsis, cumbre del proceso de revelación bíblica, se radicaliza el enfoque frente al poder. Ya habían pasado los cristianos por la persecución de Nerón y, a finales del siglo primero, estaban pasando entonces por una nueva persecución mucho más cruel, la de Domiciano.
            El Apocalipsis la describe como muy violenta (12,13.17; 13,7): hay cantidad de prisioneros (2,10) y muchos han derramado ya su sangre (2,13; 6,9-11; 7,13s; 16,6; 17,6; 18,24; 20,4). El control de la policía era total (13,16): quien no apoyaba el régimen del imperio no podía comprar ni vender nada (13,17). La propaganda era enorme (13,13) y se infiltraba en las comunidades para forzarlas a adorar al emperador, como si fuera un dios (13,4.12-14).
            En estas circunstancias, el Apocalipsis es la respuesta de Dios a este pueblo afligido y perseguido. Fue escrito por orden de Dios (1,11.19) para levantar el velo y esclarecer, a la luz de la fe en Cristo resucitado, la situación idolátrica de aquel imperio de mentiras y el triunfo final de los seguidores del Dios de Jesús. Es un libro de consuelo, en el que florece la esperanza del encuentro con el Dios verdadero en medio de un mundo enmarañado en la idolatría al poder.
            Para el Apocalipsis el imperio es obra de Satanás (13,1-10). Los culpables no son únicamente algunos malos funcionarios del imperio, sino el imperio en sí: su organización económica y política, bajo la pretensión de ser señor del mundo (13,1-18). Y la ciudad de Roma, la grandiosa capital del imperio, no pasa de ser una gran prostituta que lleva al mundo entero a su perdición (17,1s). Por ello los cristianos no pueden ser ingenuos y alimentar un régimen cuya organización está en contra del Reinado de Jesús (18,4). No pueden permitir que la falsa propaganda del imperio eche raíces en medio de las comunidades (2,14-20); deben mantenerse fieles a Jesús hasta la muerte (2,10).
            Hasta el capítulo 12 habla de la persecución, pero a partir del 13 va a hablar directamente del perseguidor y a desenmascarar su política. Veamos con un poco más de detenimiento esta parte.
            Juan ve una Bestia terrible que parece una pantera, tiene pies de oso y boca de león, con diez cuernos y siete cabezas, señal de mucha crueldad y poder. Satanás le entrega a esta Bestia todo su poder (13,2.4), y por eso es insolente (13,5): ataca a Dios con blasfemias (13,6), persigue al pueblo de las comunidades (13,7) y tiene pretensiones de ser dios y dueño del mundo entero (13,7s).
            Para dominar la mente de tanta gente la gran Bestia recibe la ayuda de otra bestia más pequeña, que tiene la apariencia de cordero, pero que habla como el Monstruo (13,11); son los falsos profetas: sabios, sacerdotes, técnicos, políticos que colocan su magia, su poder y su saber al servicio del imperio opresor.
            El Apocalipsis los describe así: “Después vi surgir del continente otra bestia que llevaba dos cuernos como los del Cordero, pero hablaba como el Monstruo. Esta aprovecha todo el poder de la primera Bestia y está totalmente a su servicio. Ella ha logrado que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia … Hace prodigios maravillosos, hasta mandar que baje el fuego del cielo a la tierra en presencia de todos. Por medio de estos prodigios que le fue concedido obrar en servicio de la Bestia, ella engaña a los habitantes de la tierra, aconsejándoles que hagan una estatua de esa Bestia… Se le concedió hasta dar vida a la estatua de la Bestia, la cual puede hablar, y ha logrado que quienes no adoren esa Bestia sean muertos. Ha logrado, así mismo, que a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente: ya nadie podrá comprar ni vender si no está marcado con el nombre de la Bestia…” (13,11-17).
            Por tres ocasiones, al hablar de su condena, a esta segunda bestia se le da el nombre de “falso profeta” (16,13; 19,20; 20,10). En una de ellas se vuelve a especificar su misión: “Este es el que hacía maravillas al servicio de la Bestia, con las cuales engañaba a los que recibieron la marca de la Bestia y a los que adoran su estatua” (19,20).
            Nótese que el fin de estos falsos profetas es seducir a la humanidad para que adore a la Bestia, o sea, a un sistema económicamente acaparador y culturalmente despreciador del pueblo. A través del miedo logran controlar la economía. Gracias a estos profetas el emperador se puede considerar a sí mismo, sin peligro, como dios y dueño del mundo.
            En el capítulo 17 se describe a la capital del imperio (17,9) como “gran prostituta…, madre de las prostitutas y de los abominables ídolos de todo el mundo” (17,1.5). Ella es “la ciudad grande, la que reina sobre los reyes del mundo entero” (17,18) y está ebria, no de vino, sino de la sangre de los mártires (17,6). Su misión es llevar al mundo entero a embriagarse con el vino de su prostitución, o sea, la idolatría del poder: ”Con ella pecaron los reyes de la tierra, y con el vino de su idolatría se emborracharon los habitantes de la tierra” (17,2).
            En el capítulo 18 se describe cómo la causa de toda la maldad del imperio fue su deseo de lujo y su acumulación planificada y organizada (18,3.7.9-20.23). Por eso se convirtió en “guarida de demonios” (18,2). “Con el vino de su idolatría se emborracharon todas las naciones, y los reyes de la tierra pecaron con ella, y los comerciantes de la tierra se enriquecieron con su lujo desenfrenado” (18,3).
            Después de exhortar al Pueblo de Dios a que se aleje de ella (18,4), se canta su ruina: “Que sufra tantos tormentos y desdichas como fueron su orgullo y su lujo… Llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra que pecaron con ella y participaron de su lujo… Llorarán y se lamentarán por ella los comerciantes de la tierra…, los que en ella se enriquecieron con sus negocios…” (18,7.11.15). “¡Alégrate, cielo, por su ruina! ¡Alégrense, santos, apóstoles y profetas, porque al condenarla Dios les hizo justicia a ustedes!” (18,20). “Es que tus comerciantes eran los magnates de la tierra y tus brujerías han seducido a las naciones. Miren que en esa ciudad se encontró sangre de los profetas y de los santos…” (18,23s).
            En el Apocalipsis no se condena todo tipo de poder, sino el poder que se idolatra a sí mismo y que, por consiguiente, es enemigo del Dios verdadero. Ese poder es una bestia. Se le ve por lo que hace. No hemos de pensar hoy sólo en un poder concreto, sino en todo lo que entra en la imagen simbólica que nos ofrece este libro. Se trata del poder que pretende ser absoluto y soberano, que se presenta como autor y árbitro supremo de todo lo que es justo y lo que es ley.
            Al servicio de la bestia también hoy están poderosos medios de control de los espíritus, poderosas oficinas de espionaje, de desinformación, de mentira organizada. Ellos también realizan prodigios: ponen sus deslumbrantes éxitos técnicos o deportivos al servicio de su poder absoluto, a fin de conquistar los corazones y las conciencias. La función de los falsos profetas es conseguir la pertenencia incondicional de los hombres al poder absoluto: que todos piensen y actúen como él.
            Hay grandes y pequeñas tiranías. Hay poderes gigantescos y poderes restringidos, pero que se complacen en hincharse cuanto pueden. Todos ellos son monstruosos y aplastadores, desde un gran monopolio internacional hasta el machismo de un padre de familia. Hay una monstruosidad cada vez que una realidad limitada, individual o institucional, exige unos derechos y un culto que pertenecen sólo a Dios.
            El Apocalipsis anuncia que se han de acabar todos los poderes opresores y sus servidores (13,5) . El Cordero y los suyos los han de vencer. El poder de Dios dado al Cordero es muy superior al poder del Dragón dado a la Bestia.
            El triunfo será de los que no se han contaminado con el culto a los ídolos: “Su boca no supo de mentiras: son vírgenes” (14,5). Ellos alimentan su fe y su esperanza con la certeza de que Dios, y no el imperio, es el dueño del mundo. El imperio opresor caerá por podrido, derrumbado poco a poco por las plagas de la historia (15,1 – 19,10).
            El mal será totalmente derrotado por el que monta el caballo blanco de la victoria, el “Fiel y Verdadero, el que juzga y hace las guerras justas” (19,11), “el Rey de reyes y Señor de señores” (19,16). Jesús resucitado ha de vencer a la Bestia y al falso profeta (19,20), al Demonio (20,10) y aun a la misma muerte (20,14).
            Una vez vencidos los ídolos y su poder demoníaco, entonces se celebrarán las bodas del Cordero (21 y 22). Su novia será la humanidad engalanada con todo lo bueno realizado a través de la historia: permanecerá para siempre todo lo que haya sido verdad, justicia, libertad y amor.

            FUENTE: IDOLATRIA EN LA BIBLIA.

            J.L.CARAVIAS.

  6. Mercy Quin dice:

    Que buena la respuesta que me dieron a cerca del verdadero nombre de Dios, soy Católica estudio mi religion y la practico, pero no habia yo encontrado una explicación tan correcta y convincente. gracias.
    les dec ia yo a los testigos de Jehovah que " se creen ustedes tanto que quieren en su arrogancia bautizar a Dios con un nuevo nombre?" me daban mil explicaciones pero ninguna me satisfizo jamás. nuevamente gracias y Dios los bendice.

  7. carlos aguilar dice:

    les doy las gracias me iluminan con sus respuestas dios los bendiga

  8. robert s. g. dice:

    Hola amigos católicos,que buscan por este medio aprender más de su religión y de su iglesia,tengan cuidado,porque en este sitio pueden encontrar personas,las cuales de alguna manera,piensan tener el conocimiento adecuado y verás y se ponen a escribir creencias,opiniones y en no raras ocasiones hasta cátedra de cualquier tema,sin tener realmente una fuente sustentable sobre lo que opinan y esto puede ser muy dañino para la persona que lo lee y los puede confundir; si Ud. o Uds. realmente tienen intención de aprender sobre su fe,no se arrodillen ante cualquier mono,vallan directamente a lo que la Iglesia católica (Universal),la única, construida por Cristo,nos enseña en su Catecismo y así no tendrás dudas,pues ademas, el mismo Cristo le dio la autoridad, para predicar su Evangelio por lo tanto la verdad absoluta.QDLB.

  9. David Bocaletti dice:

    No entiendo cual es el problema con el nombre de Dios segun pude entender en Wikipedia y a mi criterio personal YHWH significa “Yod Hei Vav Hei” que literalmente significa “Es el que Es” y si lo pusieron asi fue a ordenanza del mismo Dios entonces porque nombrarlo si no desea que se diga su nombre, adicionalmente Señor Mauricio Gavilanes, Pidale a Dios que los Catolicos no estemos equivocados porque de nuestra religion se deriva la suya ya que los protestantes son una mal copia de los Catolicos y segundo a quien no le gusta saber de los Cristianos que no se junte con ellos.

    Saludos a todos y que Dios los Bendiga

  10. Mauricio Gavilanes dice:

    Hola David

    ¡Si ! tango que admitir que toda esta bronca teologica nacio con el cisma de oriente en la propia iglesia catolica.
    De alli se derivaron y dieron origen una cantidad de iglesias con sus respectivas creencias y tambien la aparicion de las sectas.

    Segun el diccionario de la Academia de la lengua española, la palabra secta es sinonimo de herejia, pero no olviden que al propio “Saulo de Tarso” , Pablo, se le acusaba de hereje y sectario Hechos 24:5; Hechos 26.5.
    Para mas informacion pueden abrir estas pags web.
    Una de las iglesias que con mas dureza les ataca teologicamente a los Testigos de Jehova son los apologistas del reino pero no se dan cuenta de que la primera iglesia apologetica fue la que creo y formo Pablo y fue considerada como secta.
    Abran esta pag web para que empapen un poco mas:

    http://es.wikipedia.org/wiki/Apolog%C3%A9tica

    Yo personalmente me identifico con las creencias de los testigos de Jehova (TJ) y antes fui catolico y tengo que reconocer que Russel que fue su fundador pertenecio a un hogar que tuvo bastantes influencias de la iglesia presbiteriana y de los adventistas.

    A los TJ se les ataca de ser una secta ostracista y peligrosa y no se dan cuenta de que la primera secta fue creada por Pablo osea Saulo de Tarso

    En el proximo les adjunto mas informacion

    Bendiciones a todos

    • Mauricio Gavilanes dice:

      Correccion a esta frase del comentario anterior

      ¡Si ! tengo que admitir que toda esta bronca teologica nacio con el cisma de oriente en la propia iglesia catolica.

      Continuando con un nuevo comentario para que entiendan mejor ¿que fue el cisma de oriente?, pueden abrir esta pag web

      http://es.wikipedia.org/wiki/Cisma_de_Oriente

      Otra situacion que causo la division de la iglesia catolica fue el establecimiento del concilio de Nicea del año 325, que establecio el inicio de la creencia en la santisima trinidad de Dios que no es sino una doctria inventada por escritores romanos que fueron Atanasio, Constantino y Tertuliano, mejor dicho fue y es una doctrina creada por hombres y no por hombres inspirados por Espiritu santo como fueron: Isaias, Daniel, Ezequiel,Jeremias, Mateo, Juan, Lucas, Marcos etc etc

      Mas informacion les pego en el proximo comentario

      Bendiciones para todos

  11. Mauricio Gavilanes dice:

    Hola Asamblea de Yaveh.

    Con respecto a su comentario, pueden abrir la pag Web que titula:
    “Yaveh-wikipedia la enciclopedia libre”.

    En esta pagina web esta escrito de donde viene el verdadero nombre de Dios y que es el tetragramaton YHWH.
    Estas 4 consonantes en hebreo equivalen al nombre “yo soy el que soy”, que vendria a ser el nombre de Dios.
    En Hebreo no existen las vocales y en español el nombre viene a ser Jehova, añadiendole las vocales “e”, la “o” y “a”.

    Bendiciones a Uds

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